En primer lugar, ¿qué objetivos fundamentales se plantea la Fundación I+E?
La Fundación I+E está compuesta por un grupo de empresas multinacionales con larga presencia en España, que hemos demostrado nuestro compromiso con el país, a través de la creación de centros de fabricación, innovación y excelencia. Estas empresas pertenecemos a sectores muy diferentes, pero compartimos preocupaciones y sensibilidades muy similares. Como embajadores de nuestro país ante nuestras corporaciones, las empresas de la Fundación I+E nos proponemos potenciar en España inversiones que generen valor, empleo cualificado, huella fiscal y propiedad intelectual e industrial. Para ello, queremos ser un interlocutor de referencia ante los agentes sociales y económicos del país en materia de innovación, industrialización, educación y empleo, contribuyendo al desarrollo del talento y al progreso de nuestro modelo económico y productivo. Asimismo, difundimos el papel de las multinacionales como generadoras de conocimiento y dinamizadoras del tejido empresarial e industrial.
¿Qué vienen a aportar las multinacionales que desarrollan su actividad en España?
Si nos atenemos a los datos publicados, las multinacionales sostienen el 13,3% del empleo en España, en concreto 1,27 millones de trabajadores, teniendo en cuenta además que desde 2009, justo en los peores años de la crisis, nuestras plantillas han crecido en más de un 12%. Por lo que respecta a las que formamos la Fundación I+E, representamos más del 2% del PIB español, el 12% del PIB industrial, y contamos con más 65.000 empleados directos y más de 2.700 profesionales dedicados a investigación.
Pero más importante incluso que las cifras, es el hecho de que las multinacionales, en general, pero desde luego las que constituimos la Fundación I+E, no se conciben sin un compromiso con los países donde operan, y en nuestro caso, con el progreso y el futuro de España. Ese compromiso abarca desde la atracción de nuevas inversiones que generen riqueza y empleo, para lo cual competimos con las filiales de otros países, hasta el pago meticuloso de impuestos. Y, en fin, nuestro carácter español, unido a nuestra perspectiva internacional nos permiten, como a pocos, conocer el potencial que tenemos en España, también los desafíos pendientes, y cómo podemos llegar a conseguir un país entre los mejores.
¿Cuáles son los principales desafíos y oportunidades que hoy tiene España en materia de innovación?
España tiene unas excelentes condiciones para ser un país a la altura de los más innovadores. Por la cualificación y preparación de sus profesionales, por nuestras infraestructuras, por nuestra posición geográfica, nuestro clima y calidad de vida… Sin embargo, tenemos una lista de deberes que no hemos terminado de hacer. Por ejemplo, ocupamos el puesto 37 en la lista mundial, muy lejos de lo que nos correspondería dado nuestro PIB per cápita. La principal oportunidad nos la marca Europa, que nos está exigiendo que, en 2020, nuestra inversión en I+D+i represente el 2% del PIB -frente al 1,3% actual. Pero conseguir ese objetivo es tarea de todos, pasa por el establecimiento de políticas de Estado y por la colaboración de todos los agentes económicos y sociales, con un necesario protagonismo de las empresas. Dicho esto, la innovación no es un fin en sí mismo, sino que está interrelacionada con otras variables que determinan el carácter innovador, y en definitiva el progreso de un país, como son la industria, la educación y el empleo. Y lo que necesitamos es un plan estratégico, un proyecto de país que se fije como objetivo el avance en todos estos ejes.
Recientemente han presentado el informe “El cambio hacia una España innovadora. El impulso de las multinacionales”, realizado por el IESE. ¿Qué conclusiones principales destacaría del mismo?
Precisamente, el informe del IESE nos trae una foto a 360°, que nos indica certeramente dónde estamos y adónde tenemos que ir. Nos dice que tenemos bazas a favor con respecto a otros países, como son el número de científicos e ingenieros bien formados, o el volumen de exportaciones de productos de media y alta tecnología. Pero también nos muestra nuestras carencias y desventajas con respecto a los países más avanzados. Fundamentalmente, el citado decrecimiento de nuestra inversión y recursos dedicados a I+D+i, y que ese desajuste se hace más patente en lo que se refiere a la inversión privada en este concepto. Dado este análisis, el IESE formula una serie de recomendaciones para el cambio. Entre ellas, y primordialmente, potenciar la inversión en I+D+i, la pública, pero sobre todo la de las empresas. Facilitar, por lo tanto, las condiciones regulatorias, fiscales y de infraestructuras que la estimulen, además de reducir la sobrerregulación, agilizar procedimientos y asegurar la protección de la propiedad intelectual. También recomienda mejorar la calidad de nuestra educación, incidiendo en la formación en ciencias y matemáticas, fomentar la cooperación entre investigadores y empresas… Y pone especial énfasis en la necesidad de atraer más inversión extranjera. De hecho, según indica el informe, las multinacionales somos responsables de más de un tercio de la inversión en innovación que se realiza en España, mantienen centros de excelencia a nivel mundial, generan empleo de calidad y propician la conexión con las redes mundiales de I+D.
¿Por qué defienden que debe incrementarse la inversión en I+D+i pero principalmente la privada?
El propio informe del IESE refleja que la inversión privada en I+D+i es la que ha demostrado ser más efectiva a la hora de generar un efecto tractor en la economía, en términos de riqueza, empleo de calidad y crecimiento empresarial. Si nos fijamos y nos comparamos con los países más avanzados, vemos que en España la inversión privada supone poco más del 50% de toda la que se hace en I+D+i. En Francia y Reino Unido representa el 65%, en Alemania el 70%, y en un país de referencia como es Corea del Sur, el 80%. Con respecto al PIB, en España esa inversión privada supone actualmente el 0,7%, y deberíamos hacer el esfuerzo para acercarnos, como mínimo, al 1%, que es la media europea. Por lo tanto, el impulso de esa innovación que necesitamos en España debería ser en gran medida público. Pero el liderazgo, el músculo que nos dé fuerza y sostenga el ritmo, creemos que debe ser privado.
Por lo que respecta a nosotros, y por nuestro ADN inversor e innovador, podemos dar fe de ese efecto tractor, y contamos con un buen elenco de proyectos de altísimo componente innovador y de alcance global, que estamos desarrollando en España. Por ejemplo, en Asturias, thyssenkrupp está fabricando el primer ascensor sin cables del mundo, y ArcelorMittal está creando productos y soluciones basadas en el acero que se están utilizando en 24 países. En Cataluña, HP ha establecido su centro mundial de innovación en impresión 3D, Alstom diseña y fabrica el nuevo metro de Londres y los tranvías de Washington, y Dow ha desarrollado un proceso único en el mundo para la fabricación de materiales plásticos sostenibles. Hero ha trasladado a Murcia la investigación de cara a productos más saludables en nutrición adulta e infantil. Ericsson gestiona desde Madrid el 40% de las comunicaciones móviles que se realizan en todo el mundo; 3M está desarrollando tecnologías para el despliegue de la fibra óptica en diferentes países; Manpower está haciendo una gran labor de captación y formación de[TMA1] talento a través de su Human Age Institute; Deloitte acaba de abrir en España su espacio Greenhouse, referencia en digitalización[TMA2] . Y, en fin, podríamos contar muchos ejemplos más. Cualquiera que conozca y que vea de cerca estos proyectos, se da cuenta inmediatamente de lo importantes que son para las zonas donde se desarrollan, y toda la actividad que están generando alrededor.
¿Por qué consideran la educación un eje fundamental a la hora de trabajar por una España innovadora?
Uno de los primeros diferenciadores de un país innovador es la calidad de su educación. Si observamos los rankings, vemos que Finlandia destaca por su modelo de enseñanza primaria, Corea del Sur por su formación en matemáticas, Japón por su magisterio en ciencias, o Suiza en materia de colaboración entre universidad y empresas. A nadie se le escapa que son países a los que nos gustaría parecernos en lo que se refiere a su carácter moderno e innovador. Por otro lado, sabemos que otro de los grandes desafíos que España tiene por delante es la creación de empleo de calidad, que genere un impacto efectivo en la economía nacional.
Creo que todos estamos de acuerdo en que en España necesitamos un sistema educativo perdurable, que no dependa de coyunturas políticas, y que sea capaz de desarrollar y aprovechar todo el talento que vamos a necesitar. Nosotros proponemos, en primer lugar, un sistema que desde primaria fomente las STEAM (ciencia, tecnología, ingeniería, artes y matemáticas) y estimule la experimentación y las vocaciones tecnológicas, teniendo en cuenta que en 2020 vamos a necesitar en España dos millones de trabajadores de ese perfil.
En segundo lugar, que potencie la formación profesional dual como alternativa atractiva para los estudiantes y como una cantera de profesionales cualificados para las empresas (las empresas de la Fundación contamos con programas de FP dual, y por ejemplo, Bertelsmann o Grupo Volkswagen son una indiscutible referencia en este campo). Y en tercer lugar, que propicie la conexión entre la universidad y la empresa.
En definitiva, los estudios que se publican nos hablan del dramático déficit de profesionales cualificados que podríamos tener en Europa en los próximos años, dados los cambios que se están derivando ya de la Cuarta Revolución Industrial, la digitalización, la robótica y la transformación del ecosistema de clientes, empresas y trabajadores, y de los modelos de negocio. Se nos dice que el 65% de las profesiones del futuro aún no existen o se están creando. Pensemos entonces en la inigualable ventaja que supondría poder contar con esos profesionales en España.
¿Qué otros ejes entienden que son esenciales?
Además de la innovación, la educación y el empleo, otra de las grandes áreas de actuación para la Fundación es la industria. Estamos asistiendo al renacimiento del sector industrial, y los países más avanzados se están aplicando a la tarea de que suponga no menos del 20% de sus respectivos PIB. Y en España no podemos ser ajenos a esa tendencia. Necesitamos urgentemente acometer la reindustrialización del país, después de años de adelgazamiento de este sector. Actualmente representa el 12,1% de nuestro PIB -descontando el sector energético-, y la UE nos marca como objetivo que represente el 20% en 2020. Hablamos de un sector que genera empleo de calidad y estable a largo plazo, y que es más permeable a las coyunturas y ciclos económicos. Hay dos factores que entendemos que contribuirían a esa reindustrialización: uno sería la puesta en práctica de medidas que favorezcan el aumento del tamaño medio de nuestras empresas industriales. Sólo el 15% cuentan con más de 10 empleados, frente al 44% de Suiza o el 38% de Alemania, y si el tamaño medio de las empresas españolas se aproximase al de países como Alemania o Reino Unido, el PIB español sería un 15% mayor, se crearían 12.000 nuevas empresas y se generarían 400.000 empleos.
Y el otro factor para impulsar el peso del sector industrial será la propia transformación. Las nuevas fábricas 4.0 agilizarán los procesos para desarrollar productos más personalizados y en menor tiempo, a fin de responder mejor y más rápido a las necesidades del mercado.
¿Qué balance haría de lo conseguido por la Fundación I+E desde su fundación?
Justamente en 2017 se van a cumplir 10 años de la creación de la Fundación I+E, y creo que el balance que podemos hacer es positivo, pero no nos conformamos. En estos años hemos incrementado progresivamente nuestra interlocución con los principales actores políticos, económicos y empresariales; hemos difundido el papel de las multinacionales y nuestros proyectos globales, pero de raíz española; hemos atraído a nuevas compañías que se han adherido a la Fundación y nos hacen más fuertes, teniendo en cuenta que todas somos líderes en nuestros sectores; pero sobre todo, hemos seguido atrayendo nuevas inversiones, manteniendo con ello, e incluso aumentando, nuestro compromiso inversor y generador de valor para el país. No es poco lo conseguido, pero queremos conseguir más. Queremos ayudar, y nuestra colaboración está ofrecida, a construir el proyecto de país que necesitamos en España, que nos sitúe en la posición que nos corresponde en el mapa mundial.
Y si me lo permiten, ya en lo personal, hablando de balance, tengo que hacer mención a la experiencia apasionante, enriquecedora a más no poder, que supone trabajar codo a codo con profesionales y directivos de empresas, muy multinacionales, pero tan españoles como el que más, que llevan años realizando una labor encomiable, y sacando adelante proyectos de gran calado y de alcance mundial. Es ciertamente ilusionante, a través del trabajo con ellos, saber de lo que somos capaces en este país.
Finalmente, ¿Qué mensaje principal desearía transmitir desde la Fundación a los agentes sociales y económicos del país?
El principal mensaje que nos gustaría transmitir es que, para conseguir el país que queremos, el que nos gustaría que conociesen nuestros hijos, en España necesitamos un verdadero proyecto de país. Esto es, una legislación sin colores políticos, basada en el mayor consenso posible, con luces largas y cortas. Que las luces cortas apunten a las reformas ineludibles que necesitamos en materia de innovación, industrialización, educación y empleo. Y que las largas alcancen para sentar las bases del cambio de modelo económico y productivo, sin vuelta atrás. Pero ese proyecto de país no se construye sólo a través de decisiones políticas, que son desde luego necesarias. Pasa por entender el círculo virtuoso que supone aumentar el tamaño de las empresas y potenciar su internacionalización, de manera que generen empleo y a la vez sean más competitivas gracias a la tecnología y la digitalización. Ello les permitirá a su vez crecer más, expandirse y generar de nuevo más empleo.
Por lo tanto, en esta tarea, todos -gobierno, instituciones, empresas, universidades…- tenemos mucho trabajo por delante, y las multinacionales queremos decir que por nosotros no va a quedar. Dada nuestra experiencia y nuestro peso en la economía, somos conscientes de la importancia de nuestro papel, y nuestra colaboración no va a faltar. Las multinacionales con largo recorrido y compromiso con España vamos a seguir esforzándonos por atraer inversiones, por apoyar la transformación del modelo productivo y, en definitiva, por hacer un país mejor, que además es el nuestro.
Como dijo Séneca, “no nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas”. Pues atrevámonos, porque creo que merece la pena.