Como conocedor del mercado español, y a la vez con perspectiva internacional, ¿qué oportunidades y desafíos tiene actualmente nuestro país en materia de innovación? ¿Cómo ven y valoran en Dow este desafío?

La innovación es clave para afrontar los retos que afectan a España y a la Industria, como la nueva política energética y su coherencia con los objetivos de emisiones de CO2, el desarrollo de la industria 4.0, el crecimiento demográfico mundial, la aplicación de una política de regulación inteligente, etc. La economía en general en España, y la industria en particular, se enfrenta a grandes macro tendencias que determinan el marco de actuación futura. La primera macro tendencia es que la población mundial continuará creciendo a un ritmo intenso, de tal manera que se prevé que en 2050 seremos 9.000 o 10.000 millones de personas en todo el mundo.

Otra macro tendencia es el cambio climático y los objetivos que la Comisión Europea y el COP 21 y 22 han fijado.

En España, dichos objetivos representarán pasar de emitir 350-400 millones de toneladas de CO2 en la actualidad a emitir sólo entre 60 y 80 millones de toneladas. La reducción de emisiones supondrá un cambio muy importante en los próximos 15-20 años en la movilidad, en la manera de construir las casas, y en la manera de producir y distribuir energía. Y deberemos afrontar esto con nuevas formas de innovación.

Por su parte, la industria también tendrá que cambiar su mix energético, facilitando que todo esto suceda con los mínimos costes posibles, y con una política energética, industrial y medioambiental coherente con estos objetivos.

Desde nuestro punto de vista, como Dow, puedo decir que la ropa de vestir, la conservación de los alimentos, el transporte y la tecnología que purifica el agua son sólo algunos de los ejemplos de innovaciones aportadas por el equipo de Investigación y Desarrollo de Dow para aportar soluciones para los grandes retos mundiales a los que se enfrenta la sociedad y asegurar el éxito de sus clientes y grupos de interés. La innovación es, por tanto, el motor que impulsa a Dow hacia el futuro. Como fruto de esos retos o desafíos, las principales tendencias en las que Dow Ibérica está trabajando en el ámbito de la innovación son la eficiencia energética y de recursos, la gestión eficiente del agua, materiales de altas prestaciones en el ámbito de la construcción, la valorización de residuos para obtener productos de mayor valor añadido o la creciente demanda de aplicaciones de mercado a partir de materias primas de origen biológico. La energía se presenta, asimismo, como un desafío especialmente relevante para la compañía, no sólo por las aportaciones en el campo de la conversión y almacenamiento, sino también por el diseño y desarrollo de materiales más eficientes.

Si algo tiene claro Dow, es que las oportunidades surgen cuando se interactúa con los diferentes actores de la cadena de valor de los productos y, sobre todo, cuando se escucha al mercado y se produce una adaptación a las necesidades de los clientes y de la sociedad.

 

Se viene hablando de la necesidad incrementar la inversión privada en I+D. En relación con otros países -Francia, Alemania, Suecia, Corea…- donde la inversión privada en I+D supone más de dos tercios del total nacional, ¿qué deberíamos aprender y quizás adoptar en materia de regulación, fiscalidad, seguridad jurídica…?

Para invertir, sea en innovación u otras áreas, la seguridad jurídica es fundamental, así como los instrumentos fiscales y de apoyos de distintos órganos de la administración central, autonómica y local.

Es fundamental alcanzar un Pacto de Estado a nivel nacional en materia de política industrial para conseguir que, independientemente de las agendas políticas de los distintos partidos, se adopten una serie de medidas concretas en favor de la industria que permitan reforzar su papel clave como generador de riqueza y empleo y clave en la competitividad de un país.

De esta forma, las federaciones del ámbito industrial de las organizaciones sindicales de UGT y CCOO y las organizaciones empresariales integradas en la Alianza por la Competitividad de la Industria Española (representantes de sectores estratégicos como el Automóvil, Papel, Productos Petrolíferos, Química, Alimentación y Bebidas, Cemento y Siderurgia) promovieron, en noviembre de 2016, la firma de una declaración instando a las fuerzas políticas al desarrollo de un Pacto de Estado por la Industria, a la que se han adherido también los sectores del Metal, de Equipos y Componentes para la Automoción, del Textil, de la Moda y del Calzado.

En el documento, las organizaciones empresariales y sindicales firmantes reclaman el diseño y desarrollo de políticas que impulsen la competitividad industrial, tan necesaria para la innovación.

 

Ahora que se habla de un renacimiento de la industria europea, ¿cómo cree que España puede aprovecharla para subirse a ese tren? ¿Qué medidas serían necesarias para fortalecer y modernizar nuestro tejido industrial?

España es una economía desarrollada que tiene una base sólida donde la industria puede desenvolverse de manera importante. Posee infraestructuras muy importantes y dispone de una red de distribución de gas inmejorable. Lo mismo puede decirse de la generación y distribución de electricidad.

Cabe también destacar que España está emplazada en un lugar estratégico para el comercio mundial, constituyéndose como una plataforma natural para el servicio desde Europa a Latinoamérica, África y Asia. Es por ello que los asuntos de logística son de importancia primordial.

Sin embargo, hay algunos puntos que hacen que España no acabe de destacar en el desarrollo industrial de Europa. El primero de ellos es el coste de la energía. Paradójicamente, en el país donde más infraestructura energética existe, la energía es más cara, sobre todo para la industria. Ello provoca que las empresas compitan con desventajas importantes en los costes del gas y la electricidad. La consecuencia de ello es que la industria española tenga un coste de gas y electricidad entre un 15% y un 30% por encima de los que poseen las empresas de los países con los que compiten.

De cara a las infraestructuras, las características globales de los mercados industriales hacen que las interconexiones con los otros países sean fundamentales para la competitividad de las empresas de la región Ibérica. En este sentido, las interconexiones ferroviarias de España con Francia son absolutamente imprescindibles. Los corredores del Mediterráneo, el Central y el Atlántico deben facilitar el transporte de productos a Centroeuropa, Latinoamérica, África o Asia, así como de productos que provengan de estas geografías, de una manera rápida y competitiva.

Otro aspecto a considerar es el costoso y excesivo marco normativo europeo, lo cual incide directamente en la merma de la competitividad industrial. El número de normativas europeas aplicables a la industria química casi se ha doblado en los últimos diez años, hasta contar con más de 1.700 leyes vigentes en la actualidad, lo que supone un coste acumulativo para la industria que se tendría que corregir de forma urgente.

Por último, otro factor importante -que supone una gran oportunidad si se plantea adecuadamente- es el desarrollo de la implementación de la Economía Circular, cuyo objetivo es la eficiencia del uso de los recursos. Dow está firmemente comprometida con formar parte de un modelo de sociedad que utiliza y optimiza las materias primas, energía y residuos, siendo uno de sus Objetivos de Sostenibilidad para 2025.

 

¿Qué objetivos entiende que debería marcarse España en su política industrial? De cumplirlos, ¿qué beneficios tendría para la economía española?

El Pacto de Estado por la Industria para impulsar la competitividad industrial define nueve objetivos que, simplemente enumerados, serían: 1. Una política energética que permita garantizar el suministro a un precio competitivo y que prime la I+D+i; 2. Mejorar la eficiencia del transporte de mercancías y el acceso a los mercados internacionales; 3. Impulsar la I+D+i y el desarrollo tecnológico y digital; 4.Garantizar el desarrollo del talento y la capacitación de los trabajadores a lo largo de la vida laboral; 5. Una política de regulación que proteja los principios de la unidad de mercado y evite la inseguridad jurídica generada por la sobrerregulación; 6. Priorizar la ordenación y control de medidas fiscales, especialmente las de carácter medioambiental; 7. Promover la atracción de inversiones productivas industriales y facilitar la penetración de la producción española en los mercados exteriores; 8. Facilitar la financiación y potenciación del tejido industrial, incrementando la dotación y articulando más eficazmente los instrumentos de apoyo a la inversión; y 9. Impulsar la sostenibilidad industrial y su contribución al desarrollo de procesos, productos y bienes cada vez más comprometidos con la seguridad, la eficiencia energética, el cambio climático y la economía circular.

 

Estudios como el reciente del IESE esgrimen que la educación es un aspecto primordial de las economías innovadoras. Ahora que hay en marcha un pacto de Estado, ¿qué cree que deberíamos pedir o esperar del nuevo modelo educativo?

Es vital que el nuevo modelo educativo impulse las iniciativas de formación dual y la colaboración continua con las universidades. El objetivo primordial e indiscutible debe ser garantizar que haya una correcta adecuación a la realidad de la industria y de los futuros empleos.

 

Uno de los aspectos en los que se nos dice que España debe mejorar, en materia de educación y empleo, es en el fomento de las vocaciones tecnológicas. ¿Cómo cree que las multinacionales pueden contribuir a despertar el interés por las materias STEM?

El apoyo a la educación y sobre todo a las disciplinas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) debe ser uno de los pilares para las multinacionales en materia de Responsabilidad Social Corporativa. Como empresas presentes en todo el mundo, tenemos que aprovechar precisamente esta internacionalidad para dar ejemplo de colaboración con el ámbito académico en diferentes países. Es vital entender también que el proceso de formación no debe limitarse solo al ámbito universitario, sino que comienza en las primeras etapas educativas. Vivimos en un contexto de tendencias mundiales, y las multinacionales deben ser capaces de captarlas y trasladarlas a la educación, siendo parte activa de la formación de la futura fuerza laboral. Es necesario seguir muy de cerca la evolución de toda la tecnología e innovación disruptiva que modificará de manera radical el diseño y la forma en que operarán las instalaciones industriales en el futuro.

En este sentido, Dow Ibérica mantiene una colaboración activa con el IESE Business School, la Universidad Rovira i Virgili, la Universidad Politécnica de Cataluña y con el Institut Químic de Sarría (de la Universidad Ramon Llull). Asimismo, forma parte de la Alianza para la Formación Profesional Dual, una red estatal de empresas, centros e instituciones comprometidas con el desarrollo de la FP Dual en España, impulsada por la Fundación Bertelsmann, conjuntamente con la Fundación Princesa de Girona, la CEOE y la Cámara de Comercio de España.

El impulso de la Formación Profesional es una de las prioridades de Dow, que desarrolla mediante un proceso de formación teórica seguido de un período de prácticas en las instalaciones de Dow y en colaboración con los institutos Comte de Rius y Pere Martell. La Formación Profesional Dual del IES Comte de Rius está dirigida a alumnos de los grados superiores de Química Industrial, de Análisis de Laboratorio y Control de Calidad, de Automatización y Robótica y de Fabricación Mecánica, y está enfocada en potenciar la inserción laboral en los ámbitos de la química y mantenimiento, mientras que la del IES Pere Martell se destina a los alumnos del Ciclo Formativo de Grado Superior en Mecatrónica Industrial y orientada a facilitar su inserción laboral en las tecnologías de Mantenimiento.

 

En general, ¿qué papel tienen las empresas, y en concreto las multinacionales, en el proyecto de país que queremos para España?

Las multinacionales aportan empleo de calidad, indefinido y de alto valor añadido para el país. La contratación de investigadores en la industria es bastante alta y repercute en soluciones para los retos de España en áreas tan distintas como pueden ser la movilidad, las ciudades inteligentes, el agua potable, el reciclado de los residuos, etc. La red internacional de colaboradores de la cual disponen las multinacionales es muy potente y el intercambio de conocimientos enorme. Las multinacionales poseen programas de gran envergadura en el área de la innovación y colaboran con las universidades clave dentro de nuestras áreas de especialidad, lo que convierte nuestra aportación en algo muy potente en términos de resultados.

 

Finalmente, desde la Fundación I+E y como representante de las multinacionales que llevan tiempo operando en España, como es el caso de Dow, ¿qué mensaje le gustaría transmitir a nuestros lectores?

Me gustaría lanzar un mensaje de optimismo a nuestros lectores. Pese a los obstáculos, las empresas que componen la Fundación I+E tienen que estar orgullosas de su “pipeline” de proyectos innovadores. No podemos desistir de la innovación. Está en el ADN de nuestras empresas y su poder como catalizador de beneficios a medio y largo plazo es evidente. No se puede sobrevivir hoy en día sin innovación en todos los ámbitos. Apuesto por seguir colaborando con los gobiernos, universidades, empresas, pymes, jóvenes talentos y comunidad local para seguir avanzando y subir muchos más escalones en el ranking de la innovación.