¿Cómo puede aprovechar España los últimos indicadores de crecimiento, a fin de consolidarse entre las economías más modernas e innovadoras?
Al mismo tiempo que España empieza a recuperar la senda del crecimiento, el mundo está viviendo un profundo cambio, que están incidiendo en la industria, el empleo y la educación. Estamos ante una gran oportunidad, quizás irrepetible, de situar a nuestro país a la altura de los mejores. Conseguirlo es tarea de todos. Para ello, necesitamos un plan de país que comprenda políticas de Estado a largo plazo en materia de Innovación, Industria, Educación y Empleo. Y que se realice con la aportación de todos: instituciones, empresas, sector educativo y social. Nadie puede quedarse fuera.
Se nos dice también que estamos ante una nueva revolución industrial. ¿Qué desafíos y oportunidades va a suponer para nuestro país?
En realidad es la “evolución” de la era digital que conectó el mundo en el año 2000 y la aplicación de sistemas inteligentes en los procesos de producción -big data, tecnologías 3D, fabricación aditiva, realidad virtual / aumentada, robótica avanzada…- que va a generar nuevos escenarios, mercados y grandes oportunidades. Es la oportunidad de recuperar el peso que la industria debe tener en nuestra economía, como está sucediendo en los países más avanzados de Europa.
Según los indicadores, España es uno de los países de la UE que registra un menor peso del sector industrial, ¿cómo podemos conseguir una industria fuerte?
Si descontamos el sector energético, el peso de la industria manufacturera en nuestro PIB es del 14,2%. El objetivo que nos deberíamos marcar, en línea con lo que también nos marca Europa para 2020, es que suponga el 20% del PIB. Para ello se deben implementar políticas de corto y largo alcance. Una de las más importantes, es promover medidas que ayuden a incrementar el tamaño de nuestras empresas. En España el 95,8% de las empresas no superan los 9 empleados y sólo el 0,1% tiene más de 250. Está demostrado que, cuanto mayor es la empresa, mayor es la productividad por empleado, la exportación y la capacidad de acceder a fuentes de financiación.
¿Qué objetivos debemos marcarnos en términos de innovación?
Debemos promover más inversión en I+D+i, que nos permita alcanzar o incluso superar el 2% de nuestro PIB, como nos exige la UE. Aunque es cierto que esta inversión requiere un impulso público -que todavía no se ve claramente en los nuevos Presupuestos Generales del Estado-, el liderazgo debe corresponder a las empresas, que deberían acometer más de dos tercios de esa inversión, como sucede en los países más avanzados.
¿Entiende que los Presupuestos Generales del Estado, recién aprobados, no reflejan esa necesaria apuesta por la industrialización?
La partida dedicada al programa de desarrollo industrial para fortalecer el peso de la industria en el PIB ha pasado de 63,8 millones de euros a 25 millones: esto no es una buena noticia. Pero, por otro lado, es alentador que se contemple un plan de 800 millones de euros destinados a financiar –a través del CDTI- proyectos empresariales de I+D, en el marco del Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica.
¿Qué efectos tiene la industria sobre nuestra economía?
Muchos y positivos, pero una de las principales barreras con las que se encuentra la industria es el desconocimiento de su importancia en la economía. La industria genera empleo de calidad (salario 16% superior a la media nacional) y estable (78,4% de los contratos indefinidos) y es el más resistente a las coyunturas y ciclos económicos adversos. Si echamos un vistazo al mapa mundial, vemos que los países que mejor soportaron la crisis fueron los que tenían una economía con un alto componente de industria e innovación. Europa, que durante más de dos décadas ha trasladado producción a Asia, está aprovechando ahora las tecnologías emergentes para recuperar su músculo industrial.
Hablamos de la tecnología, pero ¿en qué medida esa transformación dependerá también de las personas?
Las nuevas fábricas conectadas 4.0 aprovechan las tecnologías para agilizar y mejorar los procesos productivos. Pero el cambio pasa, fundamentalmente, por las personas. Se necesitarán nuevos profesionales, capacitados para este modelo productivo y también debemos tener en cuenta que debemos acompañar a los empleados actuales a adaptarse a ese cambio. Necesitamos fomentar los estudios técnicos y tecnológicos desde el colegio, promoviendo la formación profesional, conectando la universidad con las empresas… Si somos capaces de formar a los profesionales que vamos a necesitar, España disfrutará de una enorme e impagable ventaja. Si no, nos alejaremos aún más del grupo de cabeza.
¿Qué papel tienen las multinacionales en esta tarea de todos, y cómo pueden contribuir al salto de calidad que necesita el país?
Las multinacionales con centros de fabricación o innovación en España ejercen un doble efecto arrastre: por un lado, generan y vertebran un tejido empresarial e industrial a su alrededor, que se traduce en riqueza y empleo para el país. Por otro lado, su carácter innovador, internacional, y en muchos casos pionero, les convierte en prescriptores de las empresas españolas con las que trabajan, estimulándolas en la modernización de sus procesos, formándolas en aspectos tecnológicos, involucrándolas en sus metodologías de trabajo. En definitiva, las multinacionales transfieren conocimiento que las empresas locales pueden aprovechar para ser más innovadoras y competitivas en sus mercados, incluso dar el salto al exterior, a partir de lo aprendido.
Finalmente, ¿qué mensaje le gustaría transmitir desde la Fundación I+E y como representante de multinacionales que llevan tiempo operando en España?
A los diferentes interlocutores en las instituciones, en el ámbito económico y empresarial, y a la sociedad española, en definitiva, les diría que confíen en nosotros, Desde 2009, en los años más duros de la crisis, las plantillas de las compañías multinacionales han crecido en España más de un 12% y su inversión en I+D representa el 35,2% de la inversión privada que se hace en nuestro país. Pero, más allá de las cifras, las multinacionales no se conciben, en general, sin un compromiso a largo plazo con los países donde operan. Las compañías que formamos la Fundación I+E llevamos años atrayendo inversiones, abriendo centros de fabricación y de innovación, actuando como verdaderos embajadores antes nuestras corporaciones. Y nuestro objetivo es continuar apostando por España. Pueden contar con nosotros para seguir mejorando e impulsando el sector industrial español.