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España, un plan estratégico para mirar más allá

Publicado por Fundación I+E | 14 de noviembre de 2017

“Lo único peor que no tener vista es no tener visión”, decía Helen Keller. Los cruciales debates políticos que hoy tenemos sobre la mesa no deberían, sin embargo, hacernos olvidar otras cuestiones también fundamentales, que habríamos de abordar sin más demora.

Una de ellas es el modelo de país que queremos para España. El que nos marque el paso en los próximos años y para las siguientes generaciones.

El mundo va a vivir cambios trascendentales que afectarán a la economía, a los modelos productivos y a la sociedad en general. Ni las industrias, ni la educación ni el empleo van a ser como los hemos conocido hasta ahora. Esta transformación puede suponer una oportunidad única para nuestro país: podríamos al fin incorporarnos al tren de la modernidad que en tantas estaciones históricas hemos dejado pasar. No aprovecharla, por el contrario, supondría un gran fracaso de todos.

Creo que muchos estaremos de acuerdo en que es el momento de levantar la vista y mirar más allá. Mientras el mundo acelera, nuestros indicadores siguen estancados. Informes como el del IESE presentado este año, nos dicen que hemos sido, entre 2008 y 2015, de los pocos países europeos que han perdido pulso innovador, lo que nos ha relegado a posiciones que ni mucho menos se corresponden con nuestro PIB per cápita. La UE nos pidió que, en 2020, nuestra inversión en I+D+i representara el 2% de nuestro PIB, en sintonía con la media europea.

A tres años vista, seguimos varados en el 1,2%, y ya se reconoce que el objetivo comprometido difícilmente se va a cumplir. Por otro lado, asistimos a un renacimiento de la industria europea, mientras la nuestra representaapenas el 14% de nuestra producción. En cuanto a la educación, sabemos que su calidad es uno de los diferenciadores determinantes de los países innovadores, pero nuestro modelo no está preparado para formar a los dos millones de trabajadores de perfil tecnológico que nuestras empresas van a necesitar en 2020.

Si no perdemos la visión, son suficientes datos y argumentos como para pensar que en España necesitamos un plan estratégico de país. La innovación, la industrialización, la educación y el empleo deben estar en el centro de la agenda política, y ser tratados como cuestiones de Estado. Ese plan estratégico debería constar de luces largas y cortas. Estas, para abordar las medidas que son inaplazables y nos permitan recuperar el paso para cumplir con los objetivos mínimos que nos exige Europa. Las largas, para edificar las bases del cambio de modelo económico y productivo que necesitamos, sin posibilidad de vuelta atrás.

Nuestro modelo educativo no está preparado para formar a los dos millones de trabajadores de perfil tecnológico que las empresas necesitarán en 2020

Entre las recomendaciones que formulan los diferentes estudios y voces autorizadas, se apunta a incrementar nuestra inversión en I+D+i. Por un lado, la pública, que debería actuar como impulsora. Ya que no ha sido en 2017, esperamos que los Presupuestos Generales de 2018 sí tengan la virtud de mirar más allá. Pero entendemos que, para liderar este esfuerzo, la inversión privada es fundamental. Es la que aporta el músculo innovador, la que ha demostrado ser más efectiva en términos de creación de riqueza, empleo y crecimiento empresarial. En España, la inversión de las empresas en I+D+i representa poco más del 50% de toda la que se realiza en el país, cuando en Francia y Reino Unido supone el 65%, en Alemania el 70% o en Corea del Sur el 80%.

En este sentido, tanto el IESE como otros analistas sugieren actuaciones que favorezcan la inversión empresarial. Abogan por medidas fiscales que la incentiven, por reducir la sobrerregulación, simplificar los procedimientos y asegurar la protección de la propiedad intelectual e industrial. No bastará, en cualquier caso, con aumentarla. Además, será crucial saber rentabilizarla. Para ello, debemos enfocar bien nuestras investigaciones, conectarlas con las verdaderas necesidades del mercado. La adecuada trasferencia de la investigación científica y tecnológica es la base para construir un modelo económico basado en el conocimiento. Es lo que han hecho Israel, Corea del Sur o los países nórdicos. Fijémonos y aprendamos de ellos.

La adecuada trasferencia de la investigación científica y tecnológica es la base para construir un modelo económico basado en el conocimiento

Además de potenciar la innovación, nuestro plan estratégico de país debería abordar decididamente la industrialización. El sector industrial es el mayor generador de empleo estable y de calidad, y el más permeable a los ciclos económicos, el que ofrece cimientos más sólidos a las economías. Para incrementar su peso específico en la nuestra, apelamos a dos factores que se antojan decisivos: por un lado, la aplicación de medidas que favorezcan el crecimiento del tamaño medio de nuestras empresas; por otro, acometer la transformación de nuestra estructura industrial, apostando por los sectores más intensivos en tecnología e implantando nuevos sistemas de fabricación y diseño que agilicen los procesos y permitan desarrollar productos a medida del mercado en menor tiempo.

Con todo esto, seguiremos sin mirar más allá si no otorgamos una prioridad fundamental a la educación. El pacto de Estado actualmente en marcha debería forjar un sistema educativo perdurable, al menos para las tres próximas generaciones. Según el WEF, el 65% de los niños que hoy estudian Primaria trabajará en empleos que todavía no existen. Dada la transformación a la que asistimos, con el desarrollo de la inteligencia artificial, la robótica o el internet de las cosas, el déficit de profesionales puede ser dramático, en España y en Europa. Por ello, necesitamos potenciar desde las primeras etapas la enseñanza de materias STEAM (ciencia, tecnología, ingeniería, artes y matemáticas), que se estimulen las vocaciones tecnológicas, la creatividad y la pasión por experimentar y descubrir.

Asimismo, y ya en etapas superiores, sugerimos potenciar la formación profesional dual, como una alternativa atractiva para los estudiantes, a la vez que una fuente de profesionales cualificados para las empresas. En cuanto a la universidad, podemos aprovechar la excelente investigación que se hace en España conectándola con la empresa, fomentar el desarrollo de proyectos que sean de aplicación en los entornos empresariales. En definitiva, si el mundo va a salir a la búsqueda de perfiles científicos y tecnológicos, pensemos en la impagable ventaja de tenerlos en España.

Este plan estratégico de país requiere, en efecto, ampliar nuestra visión. Y no sería posible sin la ayuda de todos los agentes sociales, políticos y económicos de este país. En este sentido, las compañías multinacionales que formamos la Fundación I+E, con un largo y sólido compromiso inversor en España y un ADN innegociablemente innovador, tenemos clara nuestra apuesta. Nuestro carácter primordialmente español, unido a nuestra perspectiva internacional, nos permite conocer bien las oportunidades que este país tiene por delante. De crear entre todos la España que tal vez no nosotros, pero sí nuestros hijos podrán conocer y disfrutar. Volviendo a Helen Keller, también se preguntaba por qué hemos de contentarnos con vivir a rastras, cuando sentimos el anhelo de volar. Por nuestra parte, no tenemos ninguna duda: España puede levantar el vuelo, hacer fácil lo que parece difícil. Pero necesitamos mirar más allá.

* Helena Herrero, presidenta de HP Inc España y Portugal y de la Fundación I+E Innovación España.

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